La causa de la llegada del meloncillo a la península ibérica ha sido objeto de discusión durante décadas. Durante mucho tiempo se ha mantenido que su llegada fue el resultado de introducciones por el ser humano, bien durante la ocupación romana o la posterior musulmana. Sin que pueda descartarse su llegada de forma natural durante el Pleistoceno tardío con translocaciones posteriores de la mano humana.
En este contexto resulta de especial interés el hallazgo descrito por Francisco Javier Gómez Chicano y Pablo Ferreras, de la impresión de una huella de meloncillo en una tégula (pieza plana de barro cocido utilizada como teja) de un asentamiento rural de época tardo romana (s. IV) localizado en Almaraz (Cáceres).
La huella corresponde a la mano de un animal semiplantígrado, estando bien definidas la almohadilla plantar y los cuatro dedos, sin marcar el talón. Su forma y dimensiones coinciden con las de una huella típica de meloncillo y permiten descartar que pueda pertenecer a otra especie.
Los restos arqueológicos más antiguos de meloncillo hallados en la Península corresponden a huesos datados en el s. I (Mérida y Vila Franca de Xira). Los demás restos hallados en yacimientos arqueológicos corresponden al s. VI y al periodo de ocupación musulmana (s. VIII-XII). El hallazgo descrito proporciona una nueva evidencia de la presencia del meloncillo en la península ibérica durante la época romana, reforzando la idea de que la habitó con anterioridad a la llegada de los musulmanes.
Se puede acceder al manuscrito completo en el siguiente enlace: Francisco Javier Gómez-Chicano & Pablo Ferreras (2026). Nueva evidencia de la presencia del meloncillo Herpestes ichneumon en un yacimiento arqueológico de época tardo-romana de la provincia de Cáceres.


